sábado 21 de noviembre de 2009

Cuando nos queremos compartimos el mundo...




...y encima de todo, el mundo, se nos comparte,
por generosidad, o por cariño, vaya uno a saber,
pero el mundo jamás pide nada nadita a cambio.

martes 17 de noviembre de 2009

" Y mi tonto corazón, late a tiempo de camión...."




Anduvimos desde el jueves andando por entre las murgas que pasaron por Concordia y por Salto el fin de semana. Muchísimas muchísimas murgas y mucha gente feliz deambulando con el mate, y la cerveza, y la reposera, y los amores...
Hubo lugar para los amigos, para la lluvia, para los borrachos, para la alegría, para el desconcierto y el enojo. Para la rebatiña de hielos y las conservadoras con fernet.
Para saltar y gritar lo que nos molesta.
Para saltar y gritar los que nos abriga, y nos quiere y nos arrulla.
Hubo lugar para los chivitos, para la cerveza, para el choripán y para el reencuentro. Para el chusmerío barato y para el chusmerío con onda. Ese que importa. Ese que nos cuenta de la vida del otro, pero porque el otro se quiere, y se cuida.
(Hubo relámpagos y truenos luminosos. Murgas conocidas y desconocidas.
Hubo hits murgueros para levantar el ánimo y algo de rocanrol y algo de ruido.
y hubo Tururú tinto band para revivir algunos años maravillosos.)
Andaban muchos con ganas de risa. De abrazo. De fiesta.
Y andábamos nosotros. Reencontrados ahí. Porque siempre, siempre la murga nos unió de una manera mágica. Nos mostró un universo ahí donde pensábamos que ya habíamos visto mucho.
Nos gritó en el oído para que despertemos, para que miremos eufóricamente más profundo.
Porque se puede cantando hacer del mundo un lugar más justo. Y se puede cantando intentar que lo cambiemos juntos a este pedazo de tierra adolorido. Cantando así, como canta el murguero, con esa energía que sale de no sé qué lugar indescriptible y te llena el corazón y te llena el alma.
Ahí andábamos todos. Con el río cerca, con la lluvia incipiente todo el tiempo, y la humedad de cientos por ciento, y la cerveza helada, y los sudores de bailantes que viajaban por el aire.
Ahí andábamos y nadie pero nadie se quedaba quieto.
Nadie estaba inmóvil, porque esa música aunque sea los dedos te hace bailar, aunque sea las uñas te llena de magia...

miércoles 11 de noviembre de 2009

Miércoles de mañana


Son las nueve de la mañana. Acabo de volver del supermercado.¿Vieron qué bueno es ir al supermercado a las ocho y media de la mañana? No hay nadie. Nadie pero nadie. El acomodador de la verdura acomoda desganadamente la verdura, la cajera toma el mate cocido apoyada en la caja, y la música, siempre siempre es esa canción de John Lennon que se llama "Woman" creo, que es tan tan pero tan de supermercado...´

Y volvía, y adelante mío venía una chica joven joven empujando una silla de ruedas con un chiquito, un gurisito mirante, que no podía sostener la cabeza, y entonces la cabeza del niño miraba y se caía para un costado y la joven le acomodaba la cabeza y seguía caminando, contenta, de que el sol brillara como lo hace hoy, con una sonrisa enorme. Y tenía el pelo largo, y brillante y pesado. Y el pelo le bailaba con la brisa y el niño dejaba caer su cabeza otra vez mirando el pajarito, o el gato de la gomería, o las hojas de los árboles. Y la mujer pelo sonrisa sirena acomodaba la cabeza caída del niño y la silla de ruedas avanzaba, como una música que cubría la mañanita. Y yo sonreí también. Y el niñito pequeño me miró con sus ojos negros, los mismos ojos de la madre...

Y recordé. Anoche soñé con vos. Nos encontrábamos en un viaje, en una estación de servicio. Los dos trabajabámos en algunos de esos proyectos complicados que son parte de los sueños y me diste una carta. La abri, y eran dibujos tuyos, y palabras, muchísimas palabras bonitas que me habías escrito. Y después me dijiste que no me lo habías dicho antes porque el trabajo no te dejaba andar de a dos.

Y nos fuimos juntos por ahí. Seguimos el camino juntos. Vos tenías un pullover marrón con una guarda. El mismo que tenías la vez que te vi atravesando la plaza Primero de Mayo un viernes a mediodía.

Pero volviendo, volviendo a hoy, hay un sol gigantesco que se mete en todas las hendiduras de la casa y la llena de alegría. Humea el mate y pienso, que ayer no tomé mate en todo el día, que hoy entonces va a estar tan tan rico como el sol.

Y tampoco andarán los subtes hoy. Y la gente se quejará de lo que va a tardar, de lo que va a gastar, de lo que va a seguir quejandose todo el día, porque encima se avecina un miércoles de tanto calor.

Y seguro muchas cosas andarán mal. Pero el sol hoy brilla como nunca, y esa mujer con el pelo que bailaba existe, y anoche soñé con vos, y hoy me voy al encuentro de murgas en concordia, y al río. Y tengo el mate preparado, y Nico está viniendo para que organicemos juegos para el taller de la noche. Y estoy escuchando a Fernando Cabrera que envuelve todo el aire... ¿De qué me puedo quejar?

domingo 8 de noviembre de 2009

"Ninguna revolución es posible si no podemos ser, vivir y amar de acuerdo con nuestro deseo y en plena libertad"

Ayer 7 de noviembre fui, como hace varios años ya, a la marcha del orgullo gay en Buenos Aires. Fui, porque creo que es necesario que todos apoyemos sus derechos, porque los derechos deben ser para todos, todísimos sin importar cual sea la elección de vida o de amor que tome cada uno.
Creo que más de uno piensa como yo, porque ayer la marcha estallaba de gente, y no de gente solo, sino de gente feliz. Gente que bailaba y cantaba y se abrazaba y lloraba también en algunos ratos.
Tomamos cerveza, escuchamos música, bailamos y nos reímos porque el clima que se vive ahí es clima de fiesta. Nadie te mira con ningún ojo amenazante, nadie te pide que te retractes ni que des explicaciones. Es una alegría que lucha, que anda, que mueve la marcha del orgullo en Buenos Aires.
Hay muchas personas que luchan así, cantando, bailando. Que piden por ejemplo que dejen de una vez de asesinar travestis en el país, que no por nada el promedio de vida de un travesti en la argentina es de treinta y dos años. ¿No se merecen ellos que luchemos?¿No se merecen luchar para dejar de ser olvidados y desaparecidos en plena democracia?
Yo no sé. Hay muchas cosas por las que está bien visto luchar y otras no tanto. ¿Otras no son tan publicitarias o tan revolucionarias?
¿Por qué a la marcha del 24 vamos todos sin ser hijos de desaparecidos? ¿Por qué vamos a las marchas campesinas, o a las marchas del movimiento indígena y no vamos a la marcha del orgullo porque no somos gays?
Es hora de terminar con el prejuicio y tomar la calle por asalto, como lo dijo Marta Dillon, una periodista o escritora que no conozco, pero que escribió este artículo maravilloso hoy en el diario Página 12.




La calle por asalto

Por Marta Dillon
Es justo y necesario tomar la calle por asalto, porque sólo desde la calle es posible adueñarse del cielo mismo. Es justo y necesario poner el cuerpo y la voz ahí donde es imposible esquivarlo o silenciarla para que los reclamos, las luchas y las alegrías adquieran una forma nueva, colectiva, poderosa. Es justo y necesario saber que en el camino no se está sola ni solo, que es posible ir por más, que en la suma de la voluntades la corriente puede ser arrasadora aun cuando el tiempo no siempre esté a favor de los que luchan –según la frase convertida en consigna– y lleve una vida entera dar el primer paso, anotar el primer logro, plantar la primera bandera. De eso se trata marchar, de ponerse en movimiento en un acto codo a codo, para que el dolor que a veces puede ser una piedra en el pecho no se convierta en impotencia sino en el motor que anima los pasos, como sucede, por ejemplo, cuando son cientos de miles quienes marchan un 24 de marzo. Esos ríos de personas pudieron, con su presencia año a año, cambiar la historia del país, revertir las vergüenzas nacionales como el indulto o las leyes de impunidad a pesar de que ahora mismo el nombre de Julio López oscurezca cada uno de esos logros. ¿Pero como soportar incluso eso si no marchamos?
De transformar la impotencia en acción y la acción en alegría; de eso se trata marchar. De sacar a la calle la materia prima y el arte con el que puede trasformarse el destino. Y de todo esto, por supuesto, se trata la Marcha del Orgullo: tomamos la calle para oponer, justamente, orgullo a la homofobia, la transfobia, la lesbofobia, todas formas del miedo convertido en violencia. Nos hacemos visibles, nosotras y nosotros, nuestras familias, nuestros hijos y nuestras hijas, amigos y amigas, compañeros y compañeras, para que sea imposible esquivar este abanico de posibilidades que se despliega más allá del cuerpo, más allá de la imposición de una supuesta normalidad que no es más que dominación y falta de libertad. Estamos ahí, en el lugar donde se forja la historia, entre Plaza de Mayo y Congreso, porque decir nosotros y nosotras aun sabiendo que el colectivo que se pretende nombrar es inabarcable en su diversidad es una manera de hacer política y de exigir, a la vez, que la política formal deje de mirar para otro lado. Queda muchísimo camino por recorrer. Todavía sobrevive el sabor amargo del último debate en la Cámara de Diputados en torno del matrimonio sin restricción de sexos, en el que se habilitaron voces que con extrema violencia usaron argumentos propios de la Inquisición. ¿Por qué hay que escuchar de igual a igual a quien sostiene que la homosexualidad es una enfermedad curable con medicamentos? ¿Acaso escucharíamos a quien dijera que los afrodescendientes tienen el cerebro más chico? También sobreviven, impunemente, los atropellos policiales contra las personas trans, los códigos de faltas y los edictos en 10 provincias. Razones de sobra para marchar como lo hicimos ayer, aunque ninguna suficiente para quitarnos la alegría de estar en la calle, bailando en algunos casos, caminando en otros, poniendo el grito en el cielo en la mayoría, sintiendo que ninguna revolución es posible si no podemos ser, vivir y amar de acuerdo con nuestro deseo y en plena libertad.

viernes 6 de noviembre de 2009

Hagamos


Hagamos. Dejemos de mirar y hagamos.
Dejemos de quejar/nos y hagamos. De decir y hagamos...
Hacé.
Transformá la nada en algo. Hagamos.
Hacé un pensamiento. Pensá.
Un sentimiento. Sentí.
Hacernos.
Felices nos hacemos.
HAGAMOS. ALGO. minúsculo pequeño pero algo
una torta o un libro una carta una llamada un abrazo un viaje un guiso para todos una canción
hagamos hagamos hagamos
las cosas no puedan seguir girando de igual modo...
no digamos más. Hagamos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Certidumbre


Unos días antes de venirme a vivir a Buenos Aires, hace ocho años ya, me junté con un amigo a tomar unos mates y a despedirnos.

Cuando él se iba,bajando por la calle guemes, me abrazó y me dijo: "No sé si te voy a extrañar a vos. Lo que voy a extrañar es la certidumbre de saber que estás."


Fue una frase que jamás olvidé. Vuelve a mí siempre siempre que alguien anuncia que se está yendo a andar nuevos caminos.


Extrañar la certidumbre de saber que el otro está, qué verdad tan verdadera entre todas las verdades verdaderas que pululan en el aire...

Porque en Buenos Aires las cosas son mucho así. Uno se ve poco con la gente que quiere. Pero está tranquilo, seguro, de que el otro, está a no más de un tren o un colectivo de su casa. Está. Existe cerca. Está viviendo en el mismo punto del espacio que uno. Nos llueve juntos. Nos solea a los dos. Él otro está. Siempre está ahí.


Cuando los amigos se empiezan a ir, entonces a uno le entra el desarraigo.
Falta la seguridad de la presencia cercana.
No están más...
Aunque no los veías tan seguido, ahora, directamente faltan. Y uno va a tener que mediar con colectivos y llamadas de larga distancia. Con videochat, o mail, o facebook o cualquier otra red social que hace que uno crea que las distancias se empequeñecen cuando en realidad las distancias cada día se afianzan. Toman una forma indestructible en el mapa que nos une. Y los que partieron, convencidos de que con la nueva tecnología si se van de algún modo también se están quedando , empiezan a estirar su visita. Empiezan a postergar el viaje de reencuentro...el abrazo...

Y digo todo esto nada más porque ayer se fue mi amigo Juan. Y me pone un poco triste.
Se fue a descansar un tiempo de la ciudad que lo/nos agobia, se fue llevándose la certidumbre de su presencia, de su llamada casi diaria. Se fue a andar feliz por el bordecito del río limpio...

Pero qué se yo...tal vez digo todo esto porque llueve hoy, y llovió ayer, y antes de ayer, y sé que a esta máquina de asfalto, a esta Buenos Aires húmeda, le va a empezar a faltar un pedacito que la hacía mucho más bonita...mucho mucho más bonita.

viernes 30 de octubre de 2009

Aburrimiento


Me gusta

deshilvanarte las palabras

una por una

sin entender lo que estás diciendo.

Descontextualizar tu discurso y ponerselo

a la primer persona que miro en los balcones...

El vecino de enfrente habla de la libertad.

El kiosquero cuestiona la educación privada.

Ahora los demás hablan con tu voz. Bla bla bla....

En la televisión la presidenta habla con tu voz... bla bla bla

El perro de al lado ladra con tu voz... bla bla bla

Dicen las cosas que decís y de la manera en que las decís...

Me gusta separar tu boca de lo que suele decir tu boca.

Mirarla. Observar sus movimientos, separarlos de sus sonidos...

Me estoy cansando de tu monólogo aburrido acerca

de la psicología del mundo y de sus frustraciones.

Yo sigo creyendo en la revolución aunque haya pasado de moda.

No me importa ya tu filosofía de las cosas. Me importa más la canción en la radio. (Y creo que se parece a Ricky Martin....)


(Me gustaría que gritáramos lo que no nos enoja. Que se hiciera violento el pico más alto de la alegría.
Me acuerdo cuando íbamos a la secundaria y faltaba el profesor de contabilidad.
La alegría era violenta. Era peligrosa. Una podría haber muerto de un puño o una patada...pero hubiera sido una muerte de violenta alegría. Nunca más me han invadido las alegrías violentas...)


Seguís hablando..bla bla bla...


(La gente cuando se emborracha se pone contenta. Te dice que te quiere, o que no te aguanta. Se pone a escupir verdades como palabras sueltas...Ojalá la gente se emborrachara sólo para decirse la verdad otro ratito.)


Hoy hace treintaycuatrogrados de calor en buenos aires. Lloramos en la clase de argentina. La humedad trae consigo la nostalgia...el sopor, el vaho, la apatía...
La humedad y yo no nos llevamos del todo bien, pero hemos aprendido a soportarnos. A veces le preparo el desayuno y todo.


A todo esto vos seguís hablando. Amo descuartizarte las palabras. Sacarlas del contexto. Hacerlas que bailen. Pensar en cuánto más vas a seguir con tu discurso. Miro afuera. Vuela un pájaro flaquísimo. Tomo un trago de cerveza.

Junto coraje y te lo digo:

-"Che, y si nos separamos?"-